martes, 5 de octubre de 2010

El farsante

La sala estaba abarrotada, en su mayoría
por ancianas damas. Se trataba de una
especie de nueva religión o secta. Uno
de los oradores se levantó para hablar,
vestido únicamente con un turbante y un
taparrabos. Y habló emocionadamente
acerca del poder de la mente sobre la
materia y de la psique sobre el soma

Todo el mundo escuchaba embelesado. Al
acabar, el orador regresó a su sitio,
justamente enfrente de mí. Su vecino de
asiento se dirigió a él y le preguntó
en voz baja, aunque perfectamente audible:
"¿cree usted realmente lo que dice de que
el cuerpo no siente nada, sino que todo
está en la mente y que la mente puede ser
conscientemente influida por la voluntad?".

"Naturalmente que lo creo", respondió el
farsante con piadosa convicción.

"Entonces", le replicó su vecino, "¿le
importaría cambiarme el sitio? Es que
estoy en medio de una corriente...".

Muchas veces he intentado desesperadamente practicar lo que predico.

Si me limitara a predicar lo que practico, sería mucho menos farsante.

A. de Mello