
Aquí, la palabra "destino" es el símil de coincidencia y casualidad solo que el primer concepto se apega a lo romántico y místico que siempre se quiere dar a las cosas. A veces en la vida las personas se topan con hechos un tanto curiosos que lo llevan a pensar y creer que pasaron por algo. Extrañamente los momentos y el tiempo juegan a tejer historias; ¡momento! ¡pausa! repito y cuestiono,
¿los momentos y el tiempo? lo correcto sería: a través del tiempo las personas tejen sus historias con momentos. La cuestión es,
¿por qué a veces esos hechos curiosos gozan de relevancia indudablemente acuñada por las personas?
¿por qué se es tan romántico y se cree en el principio de razón suficiente? Aquél que dice: "todo objeto debe tener una razón suficiente que lo explique". Lo que es, es por alguna razón, "nada existe sin una causa o razón determinante" (Filósofo alemán
Wilhem Leibniz).
"Nuestros razonamientos están fundados sobre dos grandes principios: el de contradicción, en virtud del cual juzgamos falso lo que implica contradicción, y verdadero lo que es opuesto o contradictorio a lo falso, y el de razón suficiente, en virtud del cual consideramos que no podría hallarse ningún hecho verdadero o existente, ni ninguna enunciación verdadera, sin que haya una razón suficiente para que sea así y no de otro modo. Aunque estas razones en la mayor parte de las cosas no pueden ser conocidas por nosotros" (Monadología de Leibniz).
El principio de razón suficiente nos da respuesta a una exigencia natural de nuestra razón, según la cual nada puede ser nada más "porque sí", pues todo obedece a una razón. Lo que resulta inquietante a los curiosos es encontrar el teorema, ley o razón por la que estos hechos se suscitan. Una tarea entretenida para los que tienen tatuada en la frente la palabra por qué. Decisión fuertemente estrezante pendiente.